Formas de adivinación y prácticas adivinatorias – Parte II

por admin en 17/03/2013
Videncia

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Las personas que utilizan esta forma para adivinar el destino y son capaces de traspasar la barrera para penetrar en lo oculto, caminan hacia un lugar desconocido, del que luego tienen que regresar. No pueden quedarse al otro lado porque eso les mataría. Tienen que desengancharse definitivamente de lo ajeno para hacerse de nuevo presentes en su realidad. Posiblemente el camino de ida sea el más fácil. El problema se plantea a la hora de volver. No sólo hay que saber ir, sino también saber volver y no quedarse atado a una realidad que no les pertenece. Por fortuna la bola de cristal, la copa de agua y el péndulo siempre nos permiten el camino de vuelta y, sobre todo, nos avisan cuando se está a un lado o al otro.

En el caso de la cartomancia, las runas o el I-Ching, el adivino, aunque sufra un desgaste mental considerable, siempre permanece en su sitio, no traspasa ninguna barrera ni penetra empaticamente en lo oculto, por eso no sufre las emociones y los sentimientos ajenos en su propio cuerpo. Siempre está en la realidad, en su realidad, al otro lado de la barrera donde lo oculto no existe ni molesta. Este otro tipo de adivinación es como una ventana que se abre y en ella se aprecian todos los acontecimientos presentes, pasados y futuros. La persona que lo ejerce adivina cuestiones ocultas del consultante, pero no sufre con él, no se identifica con sus inquietudes. Ve, pero no las siente como propias.

Es muy importante conocer las diferencias que existen entre estas dos formas de adivinación, no sólo en el caso de que queramos practicarlas sino a la hora de comprender el esfuerzo que los adivinos realizan cuando nosotros los consultamos.

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